Pensaba yo, ayer circulando por las carreteras de dios, que me apetece escribir un poco sobre algo que últimamente está en boca de la, digámoslo así, sociedad preocupada (sector A). Todo ocurrió cuando, tranquilo yo en mi coche, pasé junto a una casa grande donde luces tricolores se intercambiaban parpadeos iluminando las cuatro letras mágicas de lo antagónico… “CLUB” ¿Y por qué antagónico? Pues es fácil y a la par complicado explicar las posiciones sociales de lo que ahí se viene sucediendo, intentaré hacerme entender.
Como en casi todas las cosas de ésta vida, existen al menos dos posiciones encontradas, complementarias, asociadas o, qué demonios, diferentes, respecto a la prostitución. La primera puede venir del lado social de cada uno de nosotros, me explico, como individuos comunales tenemos cierto grado de empatía los unos con los otros, y por ende se entiende que somos capaces de ponernos en el lugar de la otra persona, en éste caso, trataremos la posición del individuo que vende su cuerpo a cambio de dinero (normalmente éste papel lo desempeña una chica). Ahora sí, una vez posicionados en el punto de vista activo, cabe, lo queramos o no, la idea de una subdivisión adicional, por un lado aquellos que, frívolamente o no, decidan que el sujeto realiza la actividad “porque quiere”, “porque disfruta” o similar, que no verían maldad alguna en éste ‘trabajo’ y agregarían un “me parece bien”, “no veo nada malo”… y por el lado contrario, estarían las personas que piensan que esa persona se ha visto obligada/arrastrada a ejercer la prostitución, no sacando placer de ello sino más bien una tortura y vejación a los más altos niveles. Ambas posiciones se me antojan “aceptables”, más que nada porque es de suponer que partimos de la base del libre albedrío en el pensamiento.
Una vez soltado el lastre anterior, podemos entrar libremente en valoraciones “satélite” en el tema que nos acompaña. [Aquí, amigo lector, entra su propia opinión]
El propósito inicial de éste texto no es otro que el de verter ciertas inquietudes morales que me rondan por la mente, el principal, y quizás uno de los más preocupantes, es el hecho de que la prostitución, en éstos últimos tiempos está adquiriendo un cierto halo de permisividad y despreocupación preocupante en lo más granado de nuestra sociedad. Bien es cierto que existen movimientos que persiguen su abolición y su “control”, pero también es verdad que está ahí porque hay infinidad de individuos viéndola con buenos ojos, y qué demonios, son usuarios asiduos de los servicios que ofrece. Desde las despedidas de soltero, donde raro es que el grupo que, de forma totalmente directa (acudiendo a un local) o de forma velada (shows de índole sexual), hasta la propia prostitución callejera hay un canal racional que los comunica, el canal de los “instintos primarios”, desde la llegada de Internet se ha visto, cada año más y más, cómo se multiplica la relación de todo aquello que nos rodea con el sexo, la víscera del ser humano, lo primario, lo animal… anuncios de desodorante donde el usuario se convierte en un cebo sexual para el sexo opuesto, artículos en los que siempre aparece una persona seduciendo al comprador ¿la gente se compra el coche X si en su capó ha visto antes a un individuo de buen ver?... Deberíamos darnos cuenta de cómo el mercado nos ha atrapado, nos tiene embobados mirando a un lado mientras por detrás nos programan a su antojo, y el sexo, camarada, es lo que más directamente nos está metiendo por el aro.
Con éstas letras no pretendo hacer apología de la castidad, del celibato o de la censura, nada más lejos de la realidad, de hecho he partido de un punto para llegar a otro mucho más banal y mundano, como siempre despistándome y confundiendo al más pintado, quería comentar lo mal que me sentí ayer cuando pasé junto al club, y las ideas que se me pasaron por la mente, de cómo la sociedad tiene sus puntos negros y que estos, cada vez de manera más evidente, están ganando el pulso a lo bueno, a lo que nos hace únicos.

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