Poco a poco retiras tus brazos, estás cansado y no quieres saber nada pero el hambre puede más que tú. Lánguidamente te levantas de tu, por qué no llamarlo, cama y pones los pies en el suelo, está caliente -piensas-, no entiendo por qué, debería estar helado como el viento del norte en Alaska y sin embargo está ardiendo. Bueno, qué demonios -piensas- tengo hambre.
Agarras tu ropa de diario, no está lavada pero no lo necesita, tu cuerpo hace muchas lunas que dejó de permitirse el sudor, caminas hacia la calle porque sabes que tu cocina es ahora propiedad del vacío, no queda nada y tampoco hay electricidad para hacer funcionar el microondas... buscas tu parada del autobús y te acercas sin prisa, quizás alguien deje restos que te permitan alguna caloría por quemar... no hay suerte, sólo hay una mujer entrada en años que murmura hacia sus adentros y sostiene una bolsa maltratada por el uso, de todas formas no soportas la compañía de nadie y te haces el desaparecido mientras deseas con todas tus fuerzas que el autobús o, el mismo súcubo, se lleve a la mujer para poder estar a solas. Hambre, qué palabra tan fuerte, creo que podría alimentarme tan solo con sus consonantes, tengo hambre.
No queda nadie en la parada y el autobús que esperabas está ante ti... subes, intentas escabullirte de pagar y lo consigues, creo que el conductor ni siquiera te vió, buscas un asiento individual donde no tener que aguantar a nadie, mala suerte, sólo queda uno de los que están frente a frente con más personas. Difícil decisión, aún así la prefieres antes de verte expuesto a la multitud sujetando una barra que dudas te salve la vida. Tristemente avanzas y te sientas en el último plástico naranja que llaman asiento, el autobús se mueve y no sabes si estabas en el lado correcto de la carretera... al menos se mueve -piensas- eso es mejor que el hambre.
No pasando mucho el autobús se detiene, suben 3 mujeres con aspecto de estar cansadas y piensas que tendrás que cederle tu asiento ¡qué fastidio!, ésta vez has decidido que no vas a moverte de tu trono y, qué diablos, que otro buen samaritano les ceda el sitio, tú eres un cacho de carne como ellas con derecho al reposo. Las ves acercarse, una de ellas mira fijamente tu lugar, decides mirar por la ventana con indiferencia, las mujeres han llegado a tu lado y una de ellas se sienta en tu lugar, sí querido amigo, no estás allí, estás en la parada del autobús inconsciente y delirando pero nadie te mira ni te ayuda, recuerda, nadie quiere a las ratas.
Someguy
Brota la semilla
martes, 1 de noviembre de 2011
Diario de una rata: Día 2
Amanece, estás vivo, piensas que hoy será el primer día de tu nuevo ser, el primer día de lo maravilloso que eres y lo importantisimo que te ves de aquí en adelante. De repente, sin avisar, estás en la parada del autobús, no queda nadie, no hay señales de carreteras, de personas, de autobús... Ahora estás perdido, empezaste a andar sin saberlo y no puedes volver, un relámpago te recorre la espalda, tienes miedo porque no reconoces dónde estás, miras, buscas, palpas... no hay nada familiar, ¿tienes fuerzas para moverte con decisión? NO, te dices mientras miras tus manos vacías, "estoy solo, perdido y sin destino", vuelves a hablar contigo mismo y te derrumbas sobre tus rodillas intentando tomar una última bocanada de aire antes de morir por pura pereza, de pronto, sin avisar, ves que estás en tu cama rodeado de tus propios zapatos. Sin pensarlo sabes que hubieras preferido quedarte en ese lugar sin nombre ni decorado, pero estás donde empezaste y eso es mucho peor, te das prisa y te tapas la cabeza con los brazos ¡¿dónde demonios está mi suerte?! Querido amigo, en el mundo de las ratas la suerte viaja en primera clase y nunca pasa por las miserables tuberías de tu inconsciente.
Someguy
Someguy
Diario de una rata
Como cada mañana salgo de casa a buscarme la vida, siempre he sido un poco perezoso para todo y me quedo en la parada del autobús hasta que se vaya todo el mundo. No, no me gusta estar con mucha gente, a veces la mejor compañía es la de uno mismo porque te permite pensar dónde estás y qué demonios haces todavía ahí. Si, es la misma canción una y otra vez, la que te dice lo desgraciado que eres y las oportunidades que estás dejando pasar, esa que suena y no puedes parar, esa que un día entró con tanta fuerza que destrozó tu interior... sigue ahí, re-volviéndolo todo y no dejándote ordenar tu cabeza. Paras, despejas un poco tu oxidado pensamiento ¿de verdad soy yo? ¿de verdad quiero seguir así? no tienes tiempo para responderte cuando has perdido una nueva oportunidad, ya es de noche y no sabes donde estás, recuerdas la parada del autobús, la canción... pero nada de lo que pasó desde entonces hasta ahora, debes volver a casa, no tienes nada, no sabes nada, lo único que con certeza conoces es... que eres una rata y no puedes escapar.
Someguy tal día como hoy.
Someguy tal día como hoy.
viernes, 8 de octubre de 2010
Cataratas de agotadora vergüenza
Pensaba yo, ayer circulando por las carreteras de dios, que me apetece escribir un poco sobre algo que últimamente está en boca de la, digámoslo así, sociedad preocupada (sector A). Todo ocurrió cuando, tranquilo yo en mi coche, pasé junto a una casa grande donde luces tricolores se intercambiaban parpadeos iluminando las cuatro letras mágicas de lo antagónico… “CLUB” ¿Y por qué antagónico? Pues es fácil y a la par complicado explicar las posiciones sociales de lo que ahí se viene sucediendo, intentaré hacerme entender.
Como en casi todas las cosas de ésta vida, existen al menos dos posiciones encontradas, complementarias, asociadas o, qué demonios, diferentes, respecto a la prostitución. La primera puede venir del lado social de cada uno de nosotros, me explico, como individuos comunales tenemos cierto grado de empatía los unos con los otros, y por ende se entiende que somos capaces de ponernos en el lugar de la otra persona, en éste caso, trataremos la posición del individuo que vende su cuerpo a cambio de dinero (normalmente éste papel lo desempeña una chica). Ahora sí, una vez posicionados en el punto de vista activo, cabe, lo queramos o no, la idea de una subdivisión adicional, por un lado aquellos que, frívolamente o no, decidan que el sujeto realiza la actividad “porque quiere”, “porque disfruta” o similar, que no verían maldad alguna en éste ‘trabajo’ y agregarían un “me parece bien”, “no veo nada malo”… y por el lado contrario, estarían las personas que piensan que esa persona se ha visto obligada/arrastrada a ejercer la prostitución, no sacando placer de ello sino más bien una tortura y vejación a los más altos niveles. Ambas posiciones se me antojan “aceptables”, más que nada porque es de suponer que partimos de la base del libre albedrío en el pensamiento.
Una vez soltado el lastre anterior, podemos entrar libremente en valoraciones “satélite” en el tema que nos acompaña. [Aquí, amigo lector, entra su propia opinión]
El propósito inicial de éste texto no es otro que el de verter ciertas inquietudes morales que me rondan por la mente, el principal, y quizás uno de los más preocupantes, es el hecho de que la prostitución, en éstos últimos tiempos está adquiriendo un cierto halo de permisividad y despreocupación preocupante en lo más granado de nuestra sociedad. Bien es cierto que existen movimientos que persiguen su abolición y su “control”, pero también es verdad que está ahí porque hay infinidad de individuos viéndola con buenos ojos, y qué demonios, son usuarios asiduos de los servicios que ofrece. Desde las despedidas de soltero, donde raro es que el grupo que, de forma totalmente directa (acudiendo a un local) o de forma velada (shows de índole sexual), hasta la propia prostitución callejera hay un canal racional que los comunica, el canal de los “instintos primarios”, desde la llegada de Internet se ha visto, cada año más y más, cómo se multiplica la relación de todo aquello que nos rodea con el sexo, la víscera del ser humano, lo primario, lo animal… anuncios de desodorante donde el usuario se convierte en un cebo sexual para el sexo opuesto, artículos en los que siempre aparece una persona seduciendo al comprador ¿la gente se compra el coche X si en su capó ha visto antes a un individuo de buen ver?... Deberíamos darnos cuenta de cómo el mercado nos ha atrapado, nos tiene embobados mirando a un lado mientras por detrás nos programan a su antojo, y el sexo, camarada, es lo que más directamente nos está metiendo por el aro.
Con éstas letras no pretendo hacer apología de la castidad, del celibato o de la censura, nada más lejos de la realidad, de hecho he partido de un punto para llegar a otro mucho más banal y mundano, como siempre despistándome y confundiendo al más pintado, quería comentar lo mal que me sentí ayer cuando pasé junto al club, y las ideas que se me pasaron por la mente, de cómo la sociedad tiene sus puntos negros y que estos, cada vez de manera más evidente, están ganando el pulso a lo bueno, a lo que nos hace únicos.
Como en casi todas las cosas de ésta vida, existen al menos dos posiciones encontradas, complementarias, asociadas o, qué demonios, diferentes, respecto a la prostitución. La primera puede venir del lado social de cada uno de nosotros, me explico, como individuos comunales tenemos cierto grado de empatía los unos con los otros, y por ende se entiende que somos capaces de ponernos en el lugar de la otra persona, en éste caso, trataremos la posición del individuo que vende su cuerpo a cambio de dinero (normalmente éste papel lo desempeña una chica). Ahora sí, una vez posicionados en el punto de vista activo, cabe, lo queramos o no, la idea de una subdivisión adicional, por un lado aquellos que, frívolamente o no, decidan que el sujeto realiza la actividad “porque quiere”, “porque disfruta” o similar, que no verían maldad alguna en éste ‘trabajo’ y agregarían un “me parece bien”, “no veo nada malo”… y por el lado contrario, estarían las personas que piensan que esa persona se ha visto obligada/arrastrada a ejercer la prostitución, no sacando placer de ello sino más bien una tortura y vejación a los más altos niveles. Ambas posiciones se me antojan “aceptables”, más que nada porque es de suponer que partimos de la base del libre albedrío en el pensamiento.
Una vez soltado el lastre anterior, podemos entrar libremente en valoraciones “satélite” en el tema que nos acompaña. [Aquí, amigo lector, entra su propia opinión]
El propósito inicial de éste texto no es otro que el de verter ciertas inquietudes morales que me rondan por la mente, el principal, y quizás uno de los más preocupantes, es el hecho de que la prostitución, en éstos últimos tiempos está adquiriendo un cierto halo de permisividad y despreocupación preocupante en lo más granado de nuestra sociedad. Bien es cierto que existen movimientos que persiguen su abolición y su “control”, pero también es verdad que está ahí porque hay infinidad de individuos viéndola con buenos ojos, y qué demonios, son usuarios asiduos de los servicios que ofrece. Desde las despedidas de soltero, donde raro es que el grupo que, de forma totalmente directa (acudiendo a un local) o de forma velada (shows de índole sexual), hasta la propia prostitución callejera hay un canal racional que los comunica, el canal de los “instintos primarios”, desde la llegada de Internet se ha visto, cada año más y más, cómo se multiplica la relación de todo aquello que nos rodea con el sexo, la víscera del ser humano, lo primario, lo animal… anuncios de desodorante donde el usuario se convierte en un cebo sexual para el sexo opuesto, artículos en los que siempre aparece una persona seduciendo al comprador ¿la gente se compra el coche X si en su capó ha visto antes a un individuo de buen ver?... Deberíamos darnos cuenta de cómo el mercado nos ha atrapado, nos tiene embobados mirando a un lado mientras por detrás nos programan a su antojo, y el sexo, camarada, es lo que más directamente nos está metiendo por el aro.
Con éstas letras no pretendo hacer apología de la castidad, del celibato o de la censura, nada más lejos de la realidad, de hecho he partido de un punto para llegar a otro mucho más banal y mundano, como siempre despistándome y confundiendo al más pintado, quería comentar lo mal que me sentí ayer cuando pasé junto al club, y las ideas que se me pasaron por la mente, de cómo la sociedad tiene sus puntos negros y que estos, cada vez de manera más evidente, están ganando el pulso a lo bueno, a lo que nos hace únicos.
viernes, 11 de diciembre de 2009
A solas habitando el vacío
A veces llega un momento en que te das cuenta lo solo que estás, nadie a tu alrededor parece importarle un comino si estás o dejas de hacerlo, tus amigos hacen sus vidas y poco a poco dejas de estar en ellas, te adentras en las sombras de la soledad y la divagación sin un solo pensamiento con el que ocupar tu cabeza. Lentamente vas tomando formas y maneras de fósil, tu tiempo aquí se ha terminado.
Quizás sería mejor abandonar toda esperanza y lugar, embarcarse en alguna locura allende la tierra conocida, buscarse a uno mismo hasta ahogar la pena y la desidia en un olvidado cajón. Toda esa energía necesaria es justo lo que la soledad y el aislamiento te va quitando, está en uno mismo saber obtenerla de donde sea... en uno mismo, todo está ahi dentro. Sin máscara, sin trampa, pero lo has enterrado tan dentro que ahora no lo encuentras, necesitarías un casco de minero emocional para hallar algún resquicio.
¿Hasta cuando, señor Tpunto, hasta cuando?
Quizás sería mejor abandonar toda esperanza y lugar, embarcarse en alguna locura allende la tierra conocida, buscarse a uno mismo hasta ahogar la pena y la desidia en un olvidado cajón. Toda esa energía necesaria es justo lo que la soledad y el aislamiento te va quitando, está en uno mismo saber obtenerla de donde sea... en uno mismo, todo está ahi dentro. Sin máscara, sin trampa, pero lo has enterrado tan dentro que ahora no lo encuentras, necesitarías un casco de minero emocional para hallar algún resquicio.
¿Hasta cuando, señor Tpunto, hasta cuando?
martes, 24 de noviembre de 2009
1.0
América
Va caminando la luz sobre la inconsciencia, todo continúa a pesar que Tpunto sigue en si mismo. Mirando al infinito sólo es capaz de ver una cortina frente a sus ojos, globos enfocando la lejanía no son capaces de transmitir información de lo que captan, el cerebro ha cerrado sus puertas, está en plena introspección y falsa valentía, ahora Tpunto no permanece, simplemente está quieto en su silla, un mueble auxiliar que alguien puso ahi, mientras tanto todo a su alrededor parece caminar sin tan siquiera prestar una muesca de atención a su persona. A Tpunto no le importa, Tpunto fija su mirada, sigue sin ver, lavadora de ideas en funcionamiento, nadie le puso agua dentro... así no hay quien lave.
Tpunto ha salido de su cuerpo y viaja rápidamente por el cielo, imagina todo pasando a la velocidad más rápida y consciente que recuerdes, así va él, por fin liberado y atado a la vez, el mueble auxiliar sostiene su cuerpo sin alma, ésta hace tiempo
que partió.
Va caminando la luz sobre la inconsciencia, todo continúa a pesar que Tpunto sigue en si mismo. Mirando al infinito sólo es capaz de ver una cortina frente a sus ojos, globos enfocando la lejanía no son capaces de transmitir información de lo que captan, el cerebro ha cerrado sus puertas, está en plena introspección y falsa valentía, ahora Tpunto no permanece, simplemente está quieto en su silla, un mueble auxiliar que alguien puso ahi, mientras tanto todo a su alrededor parece caminar sin tan siquiera prestar una muesca de atención a su persona. A Tpunto no le importa, Tpunto fija su mirada, sigue sin ver, lavadora de ideas en funcionamiento, nadie le puso agua dentro... así no hay quien lave.
Tpunto ha salido de su cuerpo y viaja rápidamente por el cielo, imagina todo pasando a la velocidad más rápida y consciente que recuerdes, así va él, por fin liberado y atado a la vez, el mueble auxiliar sostiene su cuerpo sin alma, ésta hace tiempo
que partió.
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